Fibromas

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Fibromas

FIBROMAS

Los fibromas uterinos, también conocidos como miomas, son tumores benignos, no cancerosos, que se generan dentro de las paredes del útero. Su tamaño y la cantidad en que se presentan son muy variados, tan minúsculos como un grano de arroz y tan grandes como una toronja; así como sólo ser uno varios.

Los fibromas usualmente aparecen durante la etapa fértil de una mujer, es decir, después de la adolescencia y antes de la menopausia.


Según su ubicación, los fibromas se clasifican en tres grupos:

1. Fibromas submucosos, que crecen hacia el interior de la cavidad uterina
2. Fibromas intramurales, que crecen dentro de las paredes del útero
3. Fibromas subserosos, que crecen hacia afuera del útero

Aunque no se conocen las causas por las cuales una mujer desarrolla fibromas, algunos factores de riesgo son tener entre 30 y 50 años, que sean hereditarios, padecer obesidad o ser de raza negra. Al estar sugetos a la acción del estrógeno y la progesterona, después de la menopausia, cuando los niveles de estas hormonas tienden a descender, los fibromas suelen reducir su tamaño.

En la mayoría de los casos, los fibromas no presentan síntomas y se descubren accidentalmente en un examen ginecológico o a través de un ultrasonido.


En otros casos los fibromas pueden manifestarse con los siguientes síntomas:

1. Menorragia (sangrado menstrual copioso y prolongado) y acompañado con cólicos intensos
2. Sensación de presión o pesadez en el área pélvica
3. Crecimiento del bajo vientre
4. Necesidad frecuente o dificultad para orinar o estreñimiento
5. Dolor en la espalda baja

Normalmente los fibromas uterinos no representan ningún peligro, sin embargo, en ocasiones la pérdida frecuente y abundante de sangre por la menorragia puede ocasionar anemia. Además, los fibromas submucosos pueden dificultar el embarazo o provocar ciertas complicaciones durante el mismo, así como desprendimiento prematuro de la placenta, retraso del crecimiento intrauterino y parto prematuro.

El diagnóstico se realiza a través de un examen pélvico de rutina y se confirma con estudios como ultrasonidos, resonancias magnéticas, radiografías, tomografías u otros más especializados.

El tratamiento a seguir va de acuerdo a las características de cada caso, y pueden incluir medicamentos o distintos tipos de cirugía de acuerdo a lo que el médico senale.

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